Fue un frente sumamente heterogéneo unido principalmente por el antiperonismo. Incluía a sectores de las tres armas, la Iglesia católica, partidos políticos (radicales, conservadores, socialistas) y sectores de la burguesía, todos con el objetivo de "desperonizar" la sociedad y restaurar un orden previo.
El régimen proscribió al peronismo, intervino la Confederación General del Trabajo (CGT), disolvió el partido peronista y prohibió sus símbolos y menciones. Respecto a EE.UU., la Revolución Libertadora profundizó el vínculo integrando al país al FMI y al Banco Mundial para obtener créditos.
Se inició la etapa de la "Resistencia Peronista", caracterizada por sabotajes en fábricas, huelgas espontáneas y la organización de células clandestinas para exigir el retorno de Perón y la legalidad del movimiento.
Actuaron como el principal refugio y herramienta de lucha del movimiento proscripto. Tras una etapa inicial de intervención militar, surgieron nuevas conducciones (como las "62 Organizaciones") que lideraron la resistencia y se convirtieron en el actor político central del peronismo.
Consistió en la devaluación de la moneda, la eliminación de controles de precios, el estímulo a las exportaciones agrarias y la apertura a capitales extranjeros. Se diferenció del modelo de Perón, que era estatista y centrado en el mercado interno.
Fue posible gracias a un pacto secreto con Perón, en el cual los votos peronistas se volcaron a Frondizi a cambio del compromiso de este de legalizar los sindicatos, normalizar la CGT y levantar la proscripción.
Restableció el modelo de un solo sindicato por actividad y el manejo de fondos de previsión por parte de los gremios, fortaleciendo enormemente a la burocracia sindical. Esto permitió inicialmente una tregua, pero luego los sindicatos usaron ese poder para presionar al gobierno.
Se enfocaron en la industria pesada (siderurgia, petróleo, química, automotriz) mediante la atracción masiva de inversiones extranjeras y tecnología. El objetivo era lograr el autoabastecimiento energético y superar el déficit de divisas.
Vandor, líder de la UOM, impulsó un "peronismo sin Perón". Su objetivo era institucionalizar el movimiento peronista a través de los sindicatos, negociando con el poder político y militar de forma autónoma a Perón.
Frondizi apostó al capital extranjero e industria pesada. Illia, de perfil más nacionalista, anuló los contratos petroleros por considerarlos lesivos, limitó el poder de las farmacéuticas extranjeras y priorizó el mercado interno.
Fue un gobierno respetuoso de las normas democráticas y la división de poderes. Económicamente, fue moderadamente nacionalista y exitoso en términos de crecimiento, aunque políticamente se lo acusó de ser lento e ineficiente.
Fue visto con hostilidad. Las corporaciones rechazaban su intervencionismo; los sindicatos lo atacaron con planes de lucha; la prensa lo ridiculizó como "lento" y las FFAA lo consideraban incapaz de contener la "amenaza" peronista.
Se refiere a una situación de bloqueo político y social donde ninguna de las fuerzas en pugna (ejército, sindicatos, burguesía, partidos) tiene el poder suficiente para imponer su proyecto de manera definitiva, pero sí para vetar el proyecto del otro.
Fue la "Época de Oro" de la universidad argentina. Hubo autonomía, libertad de cátedra, modernización de programas de estudio y una fuerte vinculación entre ciencia, cultura y compromiso social.
Funcionó como un modelo exitoso de toma del poder por vías no tradicionales. Esto radicalizó a la juventud, que empezó a ver la lucha armada como la única vía eficaz para el cambio social.
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