El clima previo se caracterizó por una sensación de desgobierno, vacío de poder y una crisis económica descontrolada que generaba una violencia política cotidiana. La sociedad, agobiada por la inseguridad y la muerte, comenzó a aceptar la idea de un golpe que impusiera orden.
La Junta se propuso una reestructuración profunda para cambiar "la raíz de la sociedad", eliminando las causas del conflicto de forma definitiva mediante un plan político y económico basado en el autoritarismo.
El espíritu era un plan de "reorganización nacional" sustentado en la anulación de la vida democrática y la violación del orden constitucional. Los cuatro momentos de la acción represiva fueron: el secuestro, la tortura en centros clandestinos, la decisión sobre el destino de la víctima y la ejecución/desaparición.
Porque el objetivo del terrorismo de Estado era generar un miedo paralizante que disciplinara a la sociedad y eliminara cualquier forma de resistencia o participación política activa.
Hubo una mezcla de aceptación inicial, silencio por miedo y, en algunos casos, complicidad civil. Sin embargo, surgieron resistencias desde organismos de Derechos Humanos que denunciaron las violaciones sistemáticas.
Se nutrió de la censura, la intervención de instituciones, la propaganda oficial y la creación de un aparato represivo clandestino e ilegal que operaba fuera de toda norma.
El objetivo era desmantelar el modelo de industrialización por sustitución de importaciones y el Estado de Bienestar, reemplazándolo por un modelo neoliberal basado en la apertura de mercados.
La "tablita" era un cronograma de devaluaciones; la "plata dulce" y la "bicicleta" refieren a la especulación financiera con capitales externos y tasas de interés altas; y los "importados coreanos" representan la destrucción de la industria local por la apertura comercial.
El plan provocó un incremento brutal de la deuda externa, una fiebre especulativa destructiva, altas tasas de interés que causaron el quiebre de empresas, mayor concentración económica y una caída drástica del salario real y la estabilidad laboral.
Argumentaba que el Estado interventor era la fuente de la ineficiencia económica. Vinculaba ambos discursos afirmando que el control estatal sobre la economía favorecía el avance de la "subversión".
Porque la eliminación de protecciones industriales y derechos laborales solo pudo imponerse mediante la represión violenta de los trabajadores y sindicatos.
Las causas fueron las disputas por el control del poder político entre las distintas armas (Ejército, Marina, Aviación) y diferencias sobre el rumbo de la salida electoral.
La jerarquía eclesiástica tuvo una actitud mayormente cercana al gobierno. No obstante, durante el Mundial de 1978 y el conflicto con Chile, empezaron a surgir reclamos sociales por la situación económica y las denuncias de violaciones a los derechos humanos.
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El Terrorismo de Estado